Tu animal, tu reflejo
Pórtico · Prólogo
Hace algunos años, una mujer entró en mi consulta cargando a su perra entre los brazos. La perra, una mestiza de unos diez kilos, llevaba meses con un problema de piel que tres veterinarios distintos no habían conseguido resolver. Habían probado todo lo razonable: dietas hipoalergénicas, antibióticos, corticoides, pruebas de alergia. Y nada.
La mujer se sentó frente a mí. Me dejó la carpeta de informes encima de la mesa. Y, antes de que yo dijera nada, rompió a llorar.
No por la perra.
Por algo que llevaba meses cargando ella sola. Una pérdida no nombrada. Un duelo que no se había permitido sentir.
Esa tarde no le di a la perra ni una sola medicina nueva. Hablamos durante una hora. La acompañé a soltar algo. La perra, mientras tanto, dormía en el suelo, tranquila por primera vez en mucho tiempo.
A las tres semanas la piel había mejorado más que con todo lo anterior junto.
Este libro empieza ahí. En esa tarde, y en muchas otras que vinieron después.
Empieza en la idea de que el animal que vive contigo no es un cuerpo aislado al que se le aplican protocolos. Es un ser en relación. Es alguien que está enredado emocionalmente con tu vida de una manera tan profunda que cuando algo se mueve en ti, algo se mueve en él. Y al revés.
Esa idea no es romántica. Es clínica. Es lo que veo cada semana en consulta. Es lo que cualquier persona que haya vivido mucho tiempo con animales ya sabe en algún rincón de sí misma, aunque no se atreva a decirlo en voz alta para no parecer que está exagerando.
Pues no, no estás exagerando. La intuición que tienes sobre tu animal es, casi siempre, correcta. Y este libro existe para ayudarte a confiar en ella, a afinarla y a darle herramientas concretas con las que actuar.
Una nota sobre quién soy y quién no soy. No soy veterinario. Soy terapeuta integrativo. Eso significa dos cosas que conviene aclarar desde la primera página.
La primera es que hay decisiones clínicas que no son mías y nunca lo serán. Una urgencia se trata en una clínica veterinaria. Una cirugía la hace un cirujano veterinario. Una sospecha de enfermedad grave se diagnostica con pruebas que solo la veterinaria moderna puede hacer. Este libro no es un sustituto de tu veterinario. Es un complemento. Una mirada distinta sobre los mismos animales.
La segunda es que esa mirada distinta —la que mira al animal entero, dentro de su familia, dentro de su historia, dentro del estado emocional de quienes viven con él— no requiere ser veterinario para aportar algo valioso. Al contrario. Veo cosas en consulta precisamente porque entro al animal por una puerta complementaria a la que la veterinaria convencional aborda.
Eso es lo que va a encontrar el lector en este libro. No instrucciones para hacerse el veterinario en casa, que sería peligroso. Sí una manera distinta de mirar a tu animal, de leer sus señales, de cuidar su salud desde una perspectiva más amplia. Y, cuando llegue el momento, una conversación más informada con tu veterinario habitual.
Las historias que vas a leer aquí son reales. Los nombres y algunos detalles están cambiados. La esencia clínica de cada caso se mantiene tal como ocurrió. Detrás de cada caso hay un animal que existió y una familia que confió en mí. Sin ellos, este libro no existiría.
Espero que te sea útil.
Con cariño,
Nacor Camps
Esto es solo el principio.